viento de la palabra

viento de la palabra

lunes, 13 de diciembre de 2010

NOCHE DOS

Despierto
y de pronto es el silencio,
su voz azul y violeta.
Todo gira y cae en esta oscuridad que es la noche,
en  esta habitación de espejo,
en mi cama, en mi almohada, en mis parpados que comienzan a probar el miedo,
pequeños ensayos del espanto.

El pensamiento trata de permanecer estático,
las ideas se diluyen como agua,
la realidad comienza a parecerse al revés de un sobre,
 a las venas de una hoja infinita.

Ignoro a qué le tengo miedo,
es como pelear con tu propia sombra invisible en el dominio de la noche.

Temo.

Quiero salir corriendo a despertar a mis propias certezas.

El tiempo también es una baba perfecta que se mescla con lo demás
y con las monedas que están en el mueble más cercano a la cabecera.

Hay tan poca luz el la habitación
que ya no es suficiente el esfuerzo para subir a la ventana y yacalmatedaniel.

Un cabo suelto, un hilo, ¡algo!
Un vaso con agua o un “papa me siento mal”
¿Mamá?
Nada
Solo la noche, el insomnio, el temblor de manos y el sudor frio sobre la frente.

viernes, 12 de noviembre de 2010

TODA TÚ EXISTES

Toda tú existes, me gusta pensar en tu existencia,
en la física existencia de tu cuerpo ocupando un lugar en el espacio.
Así lo dijeron algunos maestros del colegio.
Pero tu existencia existe y yo pienso en esa existencia.
No presencia; existencia.
Tú, toda tú, tú y tu cuerpo se acercan
y a mí me gusta pensar en esa afirmación,
por lo general retrocedo un paso.
Es tu cuerpo solamente, libre de poesías.
Tu aire, tu piel, tú tú tú,
como tren.
Eres tu pelo, tu altura, lo que tapa la luz ¿Cómo explicarme bien?
Tú existes, eres ese cuerpo que se acerca
y yo siento esa existencia con todo su peso.
Eres tal fenómeno.
Toda eres.
Existes toda.
Abarcando toda tu existencia en ti misma,
creses en ti y te llenas,
abarcando el último rincón de tu cuerpo.

viernes, 10 de septiembre de 2010

DE CARTAS A MARIELI LA NUMERO 54 “Acerca del Bicentenario”

   Nuevamente el gobierno se equivoca en este bicentenario, aun no llega la mítica fecha del 15 de Septiembre pero estoy tristemente convencido de que la celebración y todo lo que esto implica, que según yo podría aprovechársele en mucho, no será adecuadamente canalizada.
   La gente por acá se queja, los hay desde los radicales que se niegan a aceptar que existió una independencia y revolución, hasta los apáticos que no quieren saber nada de festejos. Algunos ingenuos piden que se les dé el dinero de la celebración a los más pobres. Algunos más, los mas paranoicos, maquinan en su imaginación la sospecha de una sofisticada conspiración en contra de alguna de nuestras riquezas nacionales como el petróleo ¡siempre el petróleo!
   Yo, para tu admiración y sorpresa; el pesimista, el quejumbroso que soy, pienso que si es necesario un festejo.
   Tampoco puedo negar que ya estoy hasta la madre de tanto nacionalismo “charro” (ahora si valga la expresión) que comienza a pulular como moho en tiempos de lluvias ¿te has dado cuenta de ese color verde que comienza a nacer en los ladrillos rojos de las casas en tiempos de lluvia?
   Año con año me hostiga tanto verdeblancorojo por todos lados. Himnos, fanfarrias, cuetes, mariachis, todo lo que supuestamente representa a este pueblo explotándolo a puntos… ¡estirándolo! Jalándolo y estirándolo, como chicle, a puntos casi escatológicos.
   Sabes que para mí no hay patrias, quizás si algunos barrios, cantinas o ríos como dijo José Emilio Pacheco. Y aun así, conforme va acercándose el día, las canciones de José Alfredo Jiménez incluso se me van haciendo odiosas. Al final me integro, tengo qué, ya que de otra forma le echaría a perder la fiesta a los que estén al lado mío. Y bueno, si se trata de festejar, pues uno siempre puede ser flexible en ese aspecto.
   Es necesario un festejo y no simplemente por el hecho de buscar un pretexto de festejar por festejar, de guardar el equilibrio después de unos tequilas sobre los tacones de mis botas charras (jajaja, en realidad creo que son botines y no se si son charras). O para desvelarse escuchando a Javier Solís alrededor de una fogata (sombras nada mas… ) mientras en el pueblo se escucha el estallido de cohetes; todo el glamur del alcohol y las gargantas explotando de júbilo.
   Si creo que es necesario un festejo por diversas razones, especialmente por salud y reafirmación social, y poniéndonos mas exquisitos, quizás la palabra no sería necesariamente “festejo” tal vez si una conmemoración.
   Conmemorar que hace doscientos años un pueblo, que aceptémoslo, era “un pueblo” y no “nuestro pueblo” tuvo a bien luchar por un ideal y eso será siempre bueno recordarlo y tenerlo presente, de acuerdo. ideales y lucha… esta mejor que gritos de muerte y libertad ¿no?
   Pero decía que el gobierno nuevamente se equivoca, porque en vez de encausar a nuestra nación a una nueva conciencia de IDENTIDAD, de IDEALES y de SUEÑOS ya poniéndonos mas románticos, trata nuevamente de enclaustrarnos en un nacionalismo cursi y falso como culebrón de Univisión.
   Una nueva identidad nacional significaría romper con el pasado, algo que a muchos causa cierto escozor en su orgullo pétreo, digo, patrio. Pero romper con el pasado no significa un retroceso, al contrario, este hombre que te escribe, contemporáneo u hombre de las cavernas; como quieras verme, está a favor del perdón y del olvido. “Ni perdón ni olvido” dicen los Argentinos… “el 2 de octubre no se olvida” me dirías tú y nuevamente volveríamos a discutir como siempre en este tema.
   Pese a que quiero al país, a mí no me pertenece México y yo no le pertenezco, nací aquí y soy clasificado cómodamente como mexicano. Admiro o puedo llegar a admirar otros aspectos de nuestro pasado histórico y actual, algunos más sinceramente los detesto. Yo no soy ese bache de la calle ni ese gol de la selección nacional que dice la televisión y el 15 de septiembre festejare efectivamente la independencia de México, ya sabes, con tequila y ajúas y todo eso. Para ser más exacto festejare mi independencia de México; mi no-dependencia de México, como cuando era niño y gritaba, en medio del desfile, con mi botecito tricolor lleno de piedritas como sonaja ¡viva yo! Y todos decían ¡viva! Camuflageando mi "viva yo" con el grito protocolario de los maestros.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

After

Tonto
Es
El cilindro
De la vida.

Tonto
Y ciego
Como una lagrima
De comercial.

Astuta
La trampa
Fina y eficaz
De la muerte.

Tiene
El dulce anzuelo
Azúcar violenta
De la curiosidad.


lunes, 2 de agosto de 2010

CRONOLOGIA ESPECULATIVA

Primero fue la silla, un principio donde se sentaba la vejez del cuadro panorámico.
Pero no.
Primero fue la silla con su columna vertebral de piedra,
la sombra que se posa sobre la frente de los intelectuales.
Pero no.
Antes de eso fue el color rojo, la sangra roja del amanecer, el cielo fresa que no teme faltarle al respeto a sus mayores.
Fue el color rojo tiñendo el papel dorado, el color de los anillos, pulseras; manos gitanas.
Antes de eso fue otra cosa, fue el relámpago en un libro.
Entonces fue la plata quebrada, el sonido que dignifica a la noche.
Flash.
Siempre fue el flash reflejado en tus ojos.
Antes que nada fue la luz entonces,
Arrastrando todo como en una tempestad
¿Antes fue el caos como en la Biblia?
Fue la luz dándole nombre a todo lo que tocaba,
aullando como sirena mientras veía lo nuevo.
Siempre lo nuevo.
Los ojos del artista es la luz; todo lo crea.
Pero no.
Primero que todo fue el color azul
Llegando desde el profundo, viniendo desde dentro, como una lagrima de lo verdadero, como un llanto desde el sonido.
Azul y las lágrimas brotando como cúspide o como hongos. Brillando orgullosas como tímpanos de cristalina diamantina.
Primero (tiene que haber sido) la mesa y su insomnio, su complejo de escarabajo (ah no, esa es la cama)
Primero la cama.
No.
Primero la mesa que conoce los secretos del arco iris.
Los deseos son los más apropiados para el hombre que ha sido vencido por su misma espada de oro.
Velásquez?
Primero fue la mesa hablando de matemáticas, el perfecto.
La mesa es el techo de los zapatos, el hogar al que siempre regresan nuestros pasos. La mesa es también lo que todos conocemos que es la mesa.
Pero no, no fue la mesa.
Tus ojos, fueron tus ojos entonces lo primero
Y así después, así y así.

lunes, 12 de julio de 2010

CARTA A MARIELI NUMERO 5 " Enmedio del caos hay cosas que embonan "

     La gente habla sola en las calles, habla consigo misma, si pones un poco de atención te darás cuenta que todo el mundo está loco. Este pensamiento me alivia un poco, no le tengo miedo a la locura solo a la discapacidad.
    Hace como un mes me desperté y mi sueño estaba mesclado con la realidad, fue una cosa muy extraña, desperté con ganas de salir corriendo a no sé qué parte, tenía miedo a no sé que, ignoraba todo. Mi propia voz interna ( esa que todos poseemos; nuestro super yo creo que era) estaba fuera de control, me decía que me calmara pero esa misma claridad de sus “ palabras “ me asustaba mas. “ son tus nervios “ me dijo Lupe, mi hermana, cuando por fortuna, en la madrugada me encontró temblando en las escaleras de la casa tratando de encender un cigarrillo, mis manos temblaban, todo yo temblaba, ya se que siempre tiemblo, pero mas de lo normal.
    Yo no se lo que me pasa pero ese primer acercamiento a la locura (tal vez estoy exagerando) me hiso ponerme a pensar en ello, en la calle encontré personas que hablaban solas, una enferma mental en el camión hablaba abiertamente con su otro yo, era una conversación divertida, en el supermercado ( mucho super no?) un niño estrábico balbuceaba grotescamente una canción mientras babeaba una cajita de jugo abierto ¿es coincidencia? Supongo que si.
    Ayer Pepe me dijo “ahora si enloqueciste” al ver un dibujo que hice esa mañana, fue un dibujo que salió de mi corazoncito, no muy bueno pero si sincero, divirtiéndome como el niño que no conociste porque vivías en monterrey a los 6 años (creo). Por eso puse corazoncito, no por cursi o algo así. Cuando digo “ mi cerebrito” también me refiero a las ideas de mi niñez no a mi imbecilidad.
    En fin, pues que me acuerdo de mi difícil estabilidad mental cuando Pepe me dijo lo de que ya se me había botado la canica. Claro, hablamos de dos locuras muy diferentes, eso es obvio, pero en ese caso ¿ a que tenerle miedo? ¡ A que locura y por qué?
    Fue una noche difícil aquella, trate de tranquilizarme y lo logre más o menos, ahora tengo que relajarme a la de a güevo como dice mi papa, no me cuesta mucho trabajo. “piensa en cosas bonitas” dice mi hermana “respira” y yo pienso en… he seguido teniendo malas noches, insomnios, horas y horas de pensar y pensar en nada o en todo, mi cabeza por momentos es una licuadora donde se mesclan pensamientos, proyectos, sueños, miedos, colores, recuerdos etc. etc. Sin embargo he dejado de tener miedo y en medio de todos esos temores, a la enfermedad, al delirio, a la incapacidad. En medio de mi perplejidad ante rostros de doctores también mal dormidos y medio pedantes, he dejado de tenerle miedo a mi mismo.
    Es difícil hablar de uno mismo, pero una enfermedad te permite mirar hacia dentro, ahora me burlo de mí y me alago, me pendejeo y me felicito; me sorprendo. Sorprendo. Ya se que estas pensando que estoy cayendo en la egotomanía, nel, no creo, es como algo que se aprende, como si se me prendiera el foco, no puedo explicarlo tan bien como yo quisiera, fue algo parecido a lo que me paso ayer con el dibujo que vio Pepe, APRENDÍ algo que no se que fue claramente, solo se que lo entiendo, que lo tengo en mi cabeza y que cuando lo necesite lo podre utilizar.
    En medio del caos hay cosas que embonan Mer, creo que ya te lo había dicho en circunstancias completamente diferentes, quizás el secreto consiste en saber enloquecer, aprender de la locura como aprendemos de un niño o de un anciano, no temerle sino preguntarle ¿qué quieres? ¿Qué piensas? dime algo que me sirva. No cres? al fin y al cabo somos uno. Es yo. SOY.
                                                                                                    Tu insano amigo Daniel.
05-06-10

jueves, 1 de julio de 2010

DERRUMBE

Tu recuerdo
regresa desde los aires toscos de la eternidad,
como una rumorosa ola de mar
que brama como la plata rota en mil pedazos
de luna nueva.

Tu recuerdo viene temblando de rabia,
regando con odio de fuego
las flores de azucena cosechadas
con el trabajo de un naufrago
perdido en el estupor.

Tu recuerdo hiere mis noches,
sopla en mi cara la brisa lenta y fría del insomnio.
Tu recuerdo me habla al oído, susurra un arcaico lenguaje bíblico
de ciudades mordidas por el tiempo.

Tu recuerdo trae un cuerpo de piedra verde volcánica,
esculpido por la soledad de todos mis días juntos,
formado por un séquito ansioso de espadas.

Y yo, el fuerte,
el que te protegía de la lluvia en la cazuelita de mis manos,
empiezo a extrañar tu cuerpo frágil como vara de árbol,
empiezo a ver como se derrumba mi alcoba poco a poco,
a tropezones ciegos.


















Foto de Josué Vázquez

viernes, 28 de mayo de 2010

POETA Y T.V

El poeta pone su granito de sal
en la herida abierta de la naturaleza.
Estrella su cabeza contra un muro,
no sabe dónde mirar porque sus ojos llenos de angustia,
como polos amaestrados,
orbitan en hinojos, en despojos de la memoria.
Viste de negro por el perpetuo y lujoso luto de su alma.
El poeta sale de casa con los bolsillos llenos de derrumbes,
se toma un trago, se toma tres cuatro.
Se toma cinco minutos antes de mirar el rostro pálido de la derrota,
que le sugiere sin misericordia que tire sus delitos por la alcantarilla,
húmeda y profunda,
como aquello que las mujeres esconden en lo más oculto de su ingenuidad.
El poeta canta todas las mañanas “todas las mañanas…”
El poeta dice y escribe esto y lo otro, luego lo destruye con ánimos de ser poeta.
Pero ahora
el poeta ve el televisor mientras destruye con su risa las frases amaestradas,
cuenta las hadas que merodean su sombra.
El poeta mira su risa primero en el aire, se descubre intrigado.
El poeta ve sin fines de lucro la pantalla.
Tranquilo, sin supersticiones ni nostalgia,
sin remordimiento y sin prisa,
mira con asombro el televisor; en la oscuridad el rostro azul.
El poeta mira la telenovela colombiana.

RECORDATORIO

Planta una vez más
un beso sobre mi frente, madre.
Uno; para recordarte y
dos; para saber que aún tengo cabeza.

jueves, 15 de abril de 2010

EL PAISAJE SE DERRITE EN LA VENTANA

"No son los enemigos
 los que condenan a uno a la soledad,
 son los amigos" M . Kundera
    El paisaje se derrite en la ventana, se cae de viejo. En unos minutos morirá la monotonía, yo quiero sobrevivir sobándome las coyunturas, rociándome a intervalos pequeños de tiempo pellizcos del polvo de la vejez y recapitulando en revistas los cuerpos decapitados de las modelos anoréxicas. Recuerdo que en un tiempo me dio por pegar en las puertas de mis vecinos estampitas de vírgenes sin cabeza y de perros con anteojos, como los perros que me correteaban babeando, con esa espuma terrorífica en sus hocicos, en Coyoacán. Desistí cuando todos ellos pegaron, detrás de sus puertas, cabezas de colmenas y jaulas de guacamayas –no seas imbécil- me dijo uno de ellos –las estampas no sobreviven a los aguaceros de Agosto.
    Escucho los pasos del reloj, se parecen a los latidos de los tiernos tulipanes cuando duermen en la florería de noche, cuando no tienen la presión de ser vendidos a algún callejero enamorado. Que tristes son los claveles en los ojales. Corazones intercambiados explotando de calor en las grandes travesías. El amor no está a la vuelta de la esquina como la miscelánea oculta entre los pirules el amor siempre está lejos; detrás de la cama, en un autobús sin frenos o en la calle donde se encuentran los vendedores de cocoles y los africanos melómanos que se pasean para olvidar el hambre. Los que están enamorados tienen que caminar como “zombis”, como los zombis de las películas contratados para caminar, caminar y caminar ¿y si alguno se hubiera perdido? ¿Y si no escucho el “corte y queda” y sigue caminando con ese tambaleo propio de los zombis (que torpes son)? Seguramente los confundiríamos con los enamorados “ese wey está enamorado” diríamos.
    Muy pronto llegará Marieli, cuando se acerca tiembla la tierra, se cae el polvo de mis uñas y tengo que usar dedales por unos segundos y tengo que ponerme la chamarra blanca también porque cuando se va acercando las paredes destilan refresco de toronja y hace un frío parecido al de Noviembre. Por eso es que cuando ella llega yo ya tengo botellas de refresco llenas para el tequila que ella trae cargando en su mochila misteriosa, como los escarabajos, ocultándose detrás de las piedras*, perdiéndose en su miedo de caer en una trampa artificial de algún coleccionista de caparachos. Cuando yo sea tortuga me preocupare de los diluvios trágicos, de los coches con motor nostálgico como los muñecos de cuerda) y de pintar en el caparazón los perfectos trazos del jardín botánico, con colores primarios primero, con sus sombras complementarias y después, pincelando pastelosas pastas hasta perder el asombro, hasta convertirme en un robot didáctico, que retroceda el paso cuando encuentre escombros de sabiduría y también que recule cuando el lirismo de las letras se torne entristecedor como las madrugadas sin música. Si las fiestas pudieran platicar con otras fiestas, seguramente muchos de nosotros seriamos despedidos de nuestros trabajos, compraríamos un portafolio donde meteríamos platos de unicel mugrosos que nos recordarían los besos de una despedida o a alguna mujer (por mi condición de hombre heterosexual) pidiendo desesperada un hielo, con un vaso de plástico en la mano y comentándoles a todos los que encuentra a su paso “yo fui novia de tu padre cuando fuimos juntos a la secundaria, nos conocimos en unas fiestas donde siempre terminaba en el estéreo Johnny Cash”. Las fiestas casi siempre son tristes como llamaradas de petate perturbadas por el combustible soez; el alcohol. Alcohol de alcoba desmañanada, con alimañas caminando por la alfombra en formas parecidas a las prendas de ropa, alcohol de quirófano regándose en manos ensangrentadas (los puños cerrados abiertos dan miedo, las manos abiertas y en alto siempre saludan), alcohol desbordado, regándose en ríos ricos de corteza ruda, donde los ebrios castores construyen bastiones contra sus depredadores naturales.
    El apetito es implacable, te sorprende como un baño, como las esponjas de los audífonos tiradas en la cama, como el frio de la noche que entra por la ventana, derramándose sobre el pasto de mi cuarto, paralizando a las angustiadas madres araña que no saben dónde meter a sus pequeños hijos. Tengo hambre de tamales, me comería tres tamales oaxaqueños…
    Marieli a veces es de trapo, como un muñeco roído por el incansable lúdico pasatiempo de un niño .El niño abandonado en la maleta como muñeco de ventrílocuo, hablando en sollozos porque le tiene miedo a la oscuridad y al encierro ¿Por qué la oscuridad será tan elegante? Sobre todo en los botones, en las mesas de cristal y en los ojos de las mujeres. Tal vez soy de cristal y ese niño. Alguna vez, asustado por ver lo diminuto del mundo, Salí tropezando del cuarto a robarme granitos de arena de las macetas de enfrente, en la sala vi a un niño en el espejo, un niño de mirada gris, como cuando alguien se da cuenta que han robado sus colores, en el interludio que hay entre el coraje y la tristeza. No le hice caso, pensé que era algún fantasma o un poema muerto de algún autor que lo echó con todo y papel a la basura. Ayer fue un día difícil, hoy tranquilo espero. Marieli me enseño a esperar nada. Espero jugando con mis mentiras en una bolsa de plástico… fatigado de la espalda y de la cama, echo nudos en la habitación artificial que guarda a mi cuerpo pisoteado por el hambre, la sed y los acechos. Espero recapitulando, espero curándome, aliviándome, untándome ungüentos de charlatanes.
   
    *texto tomado de un diario personal fechado el 17/03/07
    **no recuerdo por que marque esta parte del texto.

lunes, 5 de abril de 2010

DESAYUNO

Ahora,
Frente a una taza de leche,
Recupero el mar dilatado de mi memoria.
Pienso en el sueño
Y en la piel morena
De la sirena
Anclada a la parte interior
De mis parpados.
Razono lo siguiente:
Daniel,
Solamente fue un sueño
Del que no despertaste fatigado,
Feliz de haber tocado
Con tus labios
Sus labios.
Ella vive en la cajita redonda
Donde las musas
Guardan sus galletas.
Ella vive en el agua del pincel
Donde Daniel
Diluye el ocre.
Entonces imagino
Como sus dientes
Muerden la galleta
Y la veo en ese
Escenario espeso que es el sueño.
Otra vez
    y otra
       y otra
          y otra.

jueves, 18 de marzo de 2010

PALACIO

Caminamos y yo le digo que estoy cansado de mirar los coches y es que a veces pienso que son animales domesticados, condenados a la esclavitud, bajo el absurdo yugo de los hombres ignorantes, carentes de ritmo.
Ella detesta cuando estoy así, lo sé y ella sabe que lo se pero hoy su paciencia es admirable tanto como sus ojos.
Yo no la admiro ni le agradezco, al contrario, casi puedo tocar lo denso de mi conciencia; de mi aburrimiento. Lo rasgo con un tenedor y con sus moronas escribo mi nombre.
Le digo que hasta el sol me da nauseas cuando abro los labios y su calor cae al gusano de mi boca. Tampoco miento cuando digo que estoy mareado, que los heliotropos representan ahora mismo sobre nuestras cabezas, mi mente divagarte.
Con sus pasos hace saltar el agua negra, la mugre toca mis sencillos tulipanes, el viento que corre trae consigo muchos olores, tengo que detenerme para razonar ¿oculto? El cigarro cae de mis manos. –Olvídalo- chilla y toda la tonalidad del asfalto explota en mis ojos cuando, a punto de ironizar con el dedo, doblamos la esquina rota como espada. Ella jala mis manos con ociosa paciencia, como lo harían las resignadas banderas atadas al mástil olvidado del barco varado.
De los escaparates salen mujeres vestidas de novias que me dan un miedo religioso, las zapatillas que calzan parecen pollos modernos, y sus cabelleras, esos monumentales risos bien definidos me recuerdan las silenciosas notas de los enamorados sin estambres vocales, los que beben modestas botellas de decolorante.
Nunca me ha importado mucho mi apariencia, total, los tenis pueden lavarse, los pantalones, los tulipanes. Pasos y el gris rasguñando los tenis sin memoria, gris y el agua negra negándose a asumirse como tal, gris y el mendigo jugando al hipnotizador (“¡carajo!” oigo) gris y el blanco de una página perdida que pudo ser una generación ”quiero golpearlo señor ¿nota algo raro en mi?”
Tengo miedo. Llego frente a la señora de los lentes y le digo que reselle mis labios. “tranquilo” dice ella que va conmigo, la que me lleva; “¿los resella?” después tomo la pluma y ensayo como prender otro cigarrillo.
-creo que ya se van todos- le digo
-¿A dónde?
-pues a sus casas… o ya se, todos nos estamos yendo.
Le confieso mis temores mientras Palacio Nacional nos mira y la odio más cuando suelta la carcajada. También me da pena que nos vean besándonos.
La odio, lo sé. Riego el rencor con groserías liquidas mentales y busco los cerillos. Recuerdo que alguien no me devolvió el encendedor en casa.
Camino y no puedo detenerme, en mi mano el ocre me recuerda la saliva, ha explotado el color en mi bolsillo, ya había superado el temor de la pluma chorreteada en “el bolsillo del corazón” la pintura me degrada a humano, el calor por momentos ya no es tan insoportable, al contrario, creo que me adormece. Cuando miro hacia atrás la cocina me despierta una melancolía inédita, toco incrédulo el oro de los tulipanes, froto la manzana verde contra mis ropas, muerdo sin asombro la fruta que después será hastió.
-¿Cuándo fue la última vez?- Pregunta ella
-cuando fui a la biblioteca, cuando todo me sabia amargo. O tal vez ahora mismo.
-enfócalo al arte-contesta, pero no puedo ver sus labios, no sé si ironiza. Su mano sigue igual jalando la mía y no noto la más sutil irreverencia. Por un segundo malicioso me pasa por la mente embarrarme con su morral negro, pero recuerdo que sus ojos son bonitos, así que decido guardar silencio, tratando de respirar profundamente por la nariz mientras el sol sigue juzgando, mientras el mareo regresa, las nauseas, el asco. Me sigue jalando, es más fuerte que yo ¿o soy yo el que la jala a ella?
“¡apúrale!” 

               Dice

                     un anuncio de los llamados “espectaculares”.

oct/08

viernes, 12 de febrero de 2010

SOPLA FUERTE EL VIENTO*

con el aire me acorde de este texto que tenía guardado...


Sopla fuerte el viento de marzo. En el escritorio hay polvo, agua en una botella y moronas de apatía.
Vista: cuando el tiempo pierda su inocencia los hombres nos olvidaremos de contar los años y cumpliremos días. Cuando salí a ver caminar a los ancianos, el centenar de pasos dejaron de ser teoría. En las horas de la tarde se cumplen sueños inmediatos ¿Cómo ver surgir un dia desde una ventana tapizada de amaneceres de papel? Cuando salí vi a un pájaro luchar contra el viento, desconcertado como yo.
¿De qué huye el viento? ¿A quién persigue? ¿Por qué tiene tanta prisa? A lo lejos una mujer lee, tal vez en voz alta lee. Cansada de ver como su belleza es recogida por los gallos como el maíz quebrado. No quiero recordar cómo se veía su carita tapada con la bufanda. Solo somos recuerdos de otras personas.
Aquí sopla el aire, sigue corriendo sin piernas, sin manos. Yo tengo miedo de que entre. Sopla recio, gira y el polvo rasguña con odio sus pulidos ojos. Corre y besa, abraza sin brazos, ayer lavé con rencor mis raspones, hoy tengo miedo del aire, no quiero que entre, tengo miedo de que entre en mi corazón hueco y que haga adentro lo que hace.

*Fragmento tomado de un diario personal fechado el 20 de marzo del 2007

viernes, 22 de enero de 2010

FOTOGRAFIA DE FOTOGRAFIA

Había decidido deshacerme de mi miseria, costabanme caro los destrozos de mi vida. Mi mirada clavada en el pavimento deambulaba silenciosa y prófuga. Ausente. Abstraída del pueblo San Andrés Ahuayúcan. El frio soplaba en mis parpados su melodía triste hasta que mis ojos tropezaron con la fotografía. Voltee al cielo y las nubes respetaron mi pusilánime estatura de grillo “va a llover otra vez” pensé y me agache a tomar la cartulina.
Entonces pude ver el rostro más bello que mis ojos hayan visto nunca. Una mujer hermosa con una sonrisa formal llena de iridiscente ternura, su mirada dibujaba un atardecer silencioso como el caer de una pluma; el regreso silencioso desde las milpas. Y decidí al instante que ella sería mi mujer.
El blanco y negro de la imagen llamaba mi atención. Intenté asirme de un cometa y me llevó con éxito a la cúspide de la llovizna. El agua corría como sonrisas. Las gotas, las gotas –pensé- serán tus labios. Decidí ponerle nombre inmediatamente y le escogí casi al instante “Minerva” o “Trinidad”. Saqué de los bolsillos fósforos y cigarrillos y decidí regresar al mundo porque los escasos coches chillaban, escupiéndome su llanto en los oídos, para que los dejara pasar. “El trabajo es para los idiotas” le di por respuesta a un taxista furioso, que me miraba con ojos de lumbre molida. Olvide su pregunta.
Y subí y subí por la ladera oeste mirando nuevamente el pavimento húmedo, mis zapatos estaban rotos, como mi sangre, como la cronología lógica de mis días. No podía caminar mucho, me pesaba el sonambulismo, me dolía el insomnio, me asustaba el sueño.
Adheridos a las paredes, carteles con historia me recordaban los romances; bailes que nunca se realizaron. Miré otra vez la fotografía. El cabello de ella casi podía ser palpable, perdido entre cortinas de agua, estambres entrándome por los ojos y zapatos, llegué a las calles donde la brújula de mi corazón me señalaba.
Casi oscurecía, las ventanas miraban con cortinas perla, la luz amarilla color de ajo. Tendida la ropa saludaba con el movimiento que le dan los niños-fantasma del aire. Tiempo después recordaría mi carrera frenética, mi huida horrorizada; los perros correteándome mordisqueando mis talones.
Y ahí estaba ella, entre las calles donde se dispersa, año con año, la procesión del “niño parraderito”, donde se asoman los forasteros buscando una gasolinería. Sentada en la banca en la que jamás podre sentarme.
La duda clavada como siempre en medio de mis ojos me hiso sacar nuevamente el retrato (había sido mi primer momento de duda) y compare… era ella.
En ningún momento sintió sorpresa de mi presencia, no se altero. Con mi miedo de conejo tome sus manos frías y la lluvia cayó aun mas caprichosa sobre nosotros.
Volteo a verme.
- ¿eres tu el caballero que arrojó una soga al mar para atrapar un incendio?- dijo – ¿el que vino desde la costa con un tesoro de alquimistas? mal hecho; aquí ya no te espera más que un pueblo sin piernas.
En el abrigo violeta el agua se hiso pantanosa. Sus ojos preguntaron tan claramente que conocí su voz antes de que hablara.
Le mostré la foto sin ánimos de convalecencia, sacando de mi baúl mi mirada modesta, sin decirle que se confundía.
-es mi madre- dijo con una sonrisa tibia que me dejo yerto –murió hace un mes esperando a un marinero que se bebió medio mar en brandy y la otra mitad en vino y sus hijos nos volvimos lluvia- y, efectivamente, sus ojos se volvieron de agua.
Entonces empezaron a ladrar los perros.

sep/08