viento de la palabra

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viernes, 10 de septiembre de 2010

DE CARTAS A MARIELI LA NUMERO 54 “Acerca del Bicentenario”

   Nuevamente el gobierno se equivoca en este bicentenario, aun no llega la mítica fecha del 15 de Septiembre pero estoy tristemente convencido de que la celebración y todo lo que esto implica, que según yo podría aprovechársele en mucho, no será adecuadamente canalizada.
   La gente por acá se queja, los hay desde los radicales que se niegan a aceptar que existió una independencia y revolución, hasta los apáticos que no quieren saber nada de festejos. Algunos ingenuos piden que se les dé el dinero de la celebración a los más pobres. Algunos más, los mas paranoicos, maquinan en su imaginación la sospecha de una sofisticada conspiración en contra de alguna de nuestras riquezas nacionales como el petróleo ¡siempre el petróleo!
   Yo, para tu admiración y sorpresa; el pesimista, el quejumbroso que soy, pienso que si es necesario un festejo.
   Tampoco puedo negar que ya estoy hasta la madre de tanto nacionalismo “charro” (ahora si valga la expresión) que comienza a pulular como moho en tiempos de lluvias ¿te has dado cuenta de ese color verde que comienza a nacer en los ladrillos rojos de las casas en tiempos de lluvia?
   Año con año me hostiga tanto verdeblancorojo por todos lados. Himnos, fanfarrias, cuetes, mariachis, todo lo que supuestamente representa a este pueblo explotándolo a puntos… ¡estirándolo! Jalándolo y estirándolo, como chicle, a puntos casi escatológicos.
   Sabes que para mí no hay patrias, quizás si algunos barrios, cantinas o ríos como dijo José Emilio Pacheco. Y aun así, conforme va acercándose el día, las canciones de José Alfredo Jiménez incluso se me van haciendo odiosas. Al final me integro, tengo qué, ya que de otra forma le echaría a perder la fiesta a los que estén al lado mío. Y bueno, si se trata de festejar, pues uno siempre puede ser flexible en ese aspecto.
   Es necesario un festejo y no simplemente por el hecho de buscar un pretexto de festejar por festejar, de guardar el equilibrio después de unos tequilas sobre los tacones de mis botas charras (jajaja, en realidad creo que son botines y no se si son charras). O para desvelarse escuchando a Javier Solís alrededor de una fogata (sombras nada mas… ) mientras en el pueblo se escucha el estallido de cohetes; todo el glamur del alcohol y las gargantas explotando de júbilo.
   Si creo que es necesario un festejo por diversas razones, especialmente por salud y reafirmación social, y poniéndonos mas exquisitos, quizás la palabra no sería necesariamente “festejo” tal vez si una conmemoración.
   Conmemorar que hace doscientos años un pueblo, que aceptémoslo, era “un pueblo” y no “nuestro pueblo” tuvo a bien luchar por un ideal y eso será siempre bueno recordarlo y tenerlo presente, de acuerdo. ideales y lucha… esta mejor que gritos de muerte y libertad ¿no?
   Pero decía que el gobierno nuevamente se equivoca, porque en vez de encausar a nuestra nación a una nueva conciencia de IDENTIDAD, de IDEALES y de SUEÑOS ya poniéndonos mas románticos, trata nuevamente de enclaustrarnos en un nacionalismo cursi y falso como culebrón de Univisión.
   Una nueva identidad nacional significaría romper con el pasado, algo que a muchos causa cierto escozor en su orgullo pétreo, digo, patrio. Pero romper con el pasado no significa un retroceso, al contrario, este hombre que te escribe, contemporáneo u hombre de las cavernas; como quieras verme, está a favor del perdón y del olvido. “Ni perdón ni olvido” dicen los Argentinos… “el 2 de octubre no se olvida” me dirías tú y nuevamente volveríamos a discutir como siempre en este tema.
   Pese a que quiero al país, a mí no me pertenece México y yo no le pertenezco, nací aquí y soy clasificado cómodamente como mexicano. Admiro o puedo llegar a admirar otros aspectos de nuestro pasado histórico y actual, algunos más sinceramente los detesto. Yo no soy ese bache de la calle ni ese gol de la selección nacional que dice la televisión y el 15 de septiembre festejare efectivamente la independencia de México, ya sabes, con tequila y ajúas y todo eso. Para ser más exacto festejare mi independencia de México; mi no-dependencia de México, como cuando era niño y gritaba, en medio del desfile, con mi botecito tricolor lleno de piedritas como sonaja ¡viva yo! Y todos decían ¡viva! Camuflageando mi "viva yo" con el grito protocolario de los maestros.

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