viento de la palabra
viernes, 27 de noviembre de 2009
Cuando salimos de la exposición Marieli se desbarataba en sonrisas y risitas tontísimas por la mota. La cosa en sí, era seguírnosla en una fiesta allá por santa Úrsula. Yo no estaba muy animado que digamos, mi idea me atraía mas; estar con Marieli, platicar, tomar unas cuantas cervezas y regresar a mi casa. Acepte mientras rascaba de mi bolsillo mí ya poco atractivo salario del gobierno.
Nuestros pasos eran rápidos, aun así, yo no me sentía tan mareado por el vino pero cuando vi el suelo sentí como si estuviera temblando.
-estatemblando-dije y Marieli otra vez se rio como niña.
Entretenido estaba viendo el suelo. Siempre me han gustado los adoquines mojados, me dan tristeza pero también me tranquilizan.
-¿como aqueoras son?- dije.
-como las diez- contesto ella y no volteo a verme. Sus ojos de sueño siguieron mirando al frente y en ese momento me dio la impresión de que era una mujer cultísima e inteligentísima. Chale, pensé.
Coyooooacan huele mas a café como a las siete y media, eso estaba comentándole a ella cuando me pasó el cigarro. El humo azul ascendió en pausas y llego a una ventana e hiso estornudar a un gato. “pinche gato” dijo ella mientras sonreía ya libre de objetos raros en su cara.
-calma- dije cuando me di cuenta que empezamos a caminar de prisa.
-somos los rieles- dijo arrastrando como estropajo las palabras.
Decidimos tomar cerveza en un expendio de por ahí, cuando entramos todos dejaron caer sus asientos con estrépito, nos miraron con sospecha y se alejaron de nuestro camino. Una débil luz nos dibujaba a todos.
-ya estoy cansada de que nos miren con miedo- dijo ella irónica, yo no encontré comentario adecuado.
Llamaron a mi móvil, era Omi que me decía que se había escapado de su casa, que de seguro sus papas lo andaban buscando para madrearlo porque les robo dinero para costearse la huida. Le dije que si quería (pues hay si le quieres caer) podía acompañarnos a la fiestecilla, que nos veíamos ahí.
-no te gustan mis labios Daniel- comento Marieli, y me entretuve mirándola un rato, ahora parecía una actriz de teatro y oficio en la oscuridad.
A ella le gustan mucho sus labios, tiene fotos de su boca pegadas en la puerta de su recamara y cada cumple, con bilé rojo carmesí, pinta un beso con su boca desde que tenía seis años.
-me gustan más los de Josefina- dije con un rencor crudo.
-¿y por qué nunca se lo dices?
-Porque hace mucho que no la veo.
-pero si ha estado con nosotros desde que salimos de la expo.
-¿Cómo?- dije- ¿apoco es ella?
“gracias” dijo Josefina tímidamente y volvió a ser inmaterial.
Libre de todas distracciones comencé a mirar sin miedo los muros de la cantina. Un cuadro de un torero, marco café, pared ocre; cuadro de un toro, marco café, pared ocre.
-¿te da miedo la media luz?- le pregunte al verme acostumbrado a la poca luz del lugar.
-no, me parece romántica querido –contestó irónica
-yo creo que es triste- dije serio.
-¿Qué es triste?
-la media luz
-ah…
El silencio se prolongó, la luz minaba el tacto, vagaba con precaución tratando de no tropezar con su propia presa. Cuadro, marco, muro; rojo, café, ocre; rojo, café, ocre.
-No voy a ir a Santa Úrsula- dijo Marieli, yo no entendí sus palabras, me había despeñado en lo oscuro del vaso, parecíame un pozo moderno, pecado, maple, cebada enlutecida, cráter fenomenal del tedio.
-cráter
-¿Qué?
-nada, que ¿Por qué no vas a santa Úrsula?
-porque no quiero
-¿Por qué no quieres?
-porque no se me da la gana
¿Y por qué no se te da la gana…?
Sujetamos fuerte las riendas junto a Hatsepsut. Marieli mantiene la expresión solemne, siempre sabe que cara poner, yo no. Yo veo el panorama, los cerros violetas, la arena, el cielo; que cursi puedo ser algunas veces. Siento el aire en mi cara, diminutos granos de arena que chocan con mi rostro, el rostro que no sabe ser rostro. Saboreo y también hay arena en la boca, el sol nos jode a todos pero me siento alegre y sano. En verdad es bonita Hat. La recorro con la mirada y me animo a tocar con el índice su hombro desnudo, brillante y bronceado.
Marieli sale del baño. Le pregunto si ya leyó “children of the morning” y ella dice no.
-¿Quién es el autor? Pregunta
-Paulina Gau…quiensabeque
-ah si. No me gusta como escribe.
Pagamos una cuenta pobre. Inseguros nos acercamos a un mostrador donde un obeso con boina jugaba al prestidigitador en la penumbra. Yo tenía miedo de ponerle atención a sus manos, de pronto me di cuenta que la oscuridad se había solidificado en su rincón. No quería descubrir que en realidad no tenía miembros o que solo era su piel vacía la que vagaba en el aire. Marieli valientemente sacó de su bolsita rosa un billete,”vámonos” dijo con un aire extraño de autoridad maternal. Mis ojos buscaban algo que sugiriera que el cantinero era real, después vi el rostro de Mery, en verdad es bonita su boca.
-¿de dónde viene la poca luz? Pregunte casi saliendo del rincón más oscuro al percatarme audazmente de que no existía un solo mechero.
-¿no sabes?- dijo el obeso. Yo me detuve.
-no
-de los cuadros, yo los pinté.
-payaso- dijo Marieli a manera de despedida.
Otra vez los adoquines. Miro mis pies y pienso por un momento que estoy actuando, soy un actor y tengo que doblar la esquina y tengo que ver a Mery a los ojos y decirle muy muy triste que ha muerto su madre.
-Meri
-¿Qué?
Espérate
-¿Qué?
-ha muerto tu madre
-¡vaya! que noticia- contesta irónica eso fue hace como dos años, al tuya también ¿no?
Si, digo y luego entristezco pero sigo actuando.
La deje llorando en el taxi, sus ojos húmedos estaban fijos en mis ojos “¿me cuentas que tal estuvo?” Dijo y yo “órale pues, te hablo mañana”. El chofer la miraba atento por el espejo retrovisor, también la vio sonreír cuando leyó el mensaje que le mande. Ella contesto; “ya no hay que jugar más a llorar ni a actuar”.
Oct/08
viernes, 13 de noviembre de 2009
PRESENCIA
Es difícil el trabajo del ocio,
No hay nada más cansado que mostrarle tus años a la ventana
Con las manos abiertas como alquimista,
Sobre una almohada de migajón.
Mis alas ya no son nuevas.
Como cuando termine despierto bajo las sabanas,
Otra vez,
Consonante como el silbido de un resorte,
La calle me pide los pasos que los caminantes les hemos robado a la ternura.
Mi sabiduría no es mucha pero todos estos segundos
Fui capaz de mantener la imagen de ella lejos de mi cabeza.
Su presencia es nueva a cada instante,
Es como agua cristalina que brota de lo nuevo,
Del pozo exacto.
Quiero compararla con la lluvia
O con la niña de tela que se hunde en el líquido café de sus ojos.
Quiero compararla con la palabra”ola”
Pero mi poco sentido de la orientación se desmorona
Con cada día sin permiso; con cada latido.
Los puentes de la eternidad son remplazados por unos más modernos.
Hace ya mucho rato que deje libre mi último duende del lenguaje.
En el cajón el sonido es hueco.
El día es una baba ociosa que a momentos se extiende y a momentos se contrae.
En medio de eso mis ojos encuentran rastros en las letras.
Ella está en todas las partes de la línea;
En el circulito rosa del lápiz amarillo.
Podemos.
Y al mismo tiempo no sé si existe,
Si la que veo y toco con un beso tan aburrido como pan de caja existe.
Yo mismo no sé si existo o soy una canción absurda y cursi.
No sé con qué moneda compra mi silencio,
No sé de qué rio viene esta sonrisa de agua cuando la encuentro en otros rostros.
Pero he pensado Daniel, que es suficientemente fuerte mi sentido
Como para caer si rieles sobre el motor consonante de su recuerdo.
Frente a la ventana puedo pensar abiertamente en el exilio.
No importan más las rayas del cementerio tranquilo del tiempo
Ni las telarañas,
Ni los aretes moviéndose con su lanza en la danza arrítmica de su cabello.
Retorciéndose de tranquilidad como su música.
Hay momentos en que nuestras miradas parecieran una sola,
Yo quisiera que ella me regalara
La botella que más se pareciera a ella
Para ponerla a contra luz mientras se pone el sol
Y los rayos atreves del vidrio
Muestren los colores que no lograran sorprenderme,
Porque no estoy preparado para reparar en el tiempo.
oct/08
viernes, 30 de octubre de 2009
Noche Uno
Durmiendo entre tulipanes y alfileres, despertando disipando nubes violetas de miedo filoso...
Me di cuenta que los quejidos venían del cuarto de mi hermano al cuarto para las tres de la madrugada ¿a qué hora salen los espectros? Creo que sueña que alguien lo persigue para matarlo, lo corretean, son rateros o lago así. Miro la ventana y un rayo lunar juega a ser plata como la cadena de la primera comunión. Reviso el cuaderno y en la oscuridad percibo el sobreviviente blanco, no hay nada escrito, mi “otro yo” no ha venido a escribir (mejor dicho a dictarme dormido). Tomo el celular y escribo”golpeaste sombras naturales en un síntoma decías fijo, octavo pie de columna para arrastrar tengamos” después oprimo los botones correspondientes.
Tengo miedo de haber perdido el habla, la voz. A veces tengo miedo de quedarme bizco, pienso que hago bizco en la oscuridad o cuando cierro los ojos. Bueno, pero ahora tengo miedo de quedarme mudo. Intento hablar pero la oscuridad y el silencio me avergüenzan, ya no oigo a mi hermano quejarse, la pesadilla ya habrá terminado. Si soñara que me persiguen quisiera soñar que me corretean gatos sin orejas, grandes como perros pero sin llegar a ser pumas. Me pregunto que habrá allá afuera, siento el sueño en mis parpados y quiero capturarlo como si fuera un hada, o una mariposa verde. Vibra el celular en el mueble.
El móvil baila, yo recuerdo al pájaro que se bañaba en el perol lleno de agua, salpicaba por todos lados, sus colores eran claros, después alguien lo apedreo. “tengo sueño, deja de estar chingando” dice el mensaje cuando lo leo.
Los perros no aúllan, sospecho que alguien duerme de bajo de mi cama, alguien con gafas, una sombra con lentes, o una negra con anteojos rosas. Pienso que si me diera insomnio escucharía música en mi pequeño radio, reviso mentalmente los cables, recapitulo letras de canciones y poco a poco la gravedad escupe en mi pecho el sudor de tonos violetas. Quisiera tener un sueño violeta sin que fuera una pesadilla, quisiera soñar como mi hermano, que me corretean a mí en carreta, con puerta avienta, manejando un toro, la capota, el silbido… ¿Qué? Ah sí, ¿Qué? La noche tiene filo como la navaja, nocierreslosojosDaniel porque la arena puede tener encías, no, dientes, no, arena ¿mi hermano? Claro, quisiera estar en su pesadilla, sería divertido estar en las pesadillas de muchos, correteándolos con una espada láser, recorriendo el mundo, pausado, pausado, ladrillos, ardillas, sombrillas ladillas, Tom y Jerry.
Vibra otra vez el celular, yo regreso, tomo el lazo que me ata a la vigilia, lo amarro a mi cintura ¿estoy retando al insomnio? No quiero que venga, un nuevo mensaje de M*; “en un internado una niña brinca la cuerda. No tiene cuello” dice, yo rio, y ni me acuerdo del miedo a la “mudez” vuelvo a buscar entre las pestañas en insipiente sueño ahora, decido no navegar, entregándome a la deriva y nuevamente un grito hiere a la noche cuajada.
Es mi hermano que sueña que alguien lo persigue.
Nov/08
viernes, 16 de octubre de 2009
Bienvenidos
Hace tiempo mi padre llevó a casa una máquina de escribir. Antes de eso, habían sido pocos los libros que había leído y pocas las cosas que yo había escrito, aparte claro, de los trabajos de la escuela.
Los textos que había escrito en su mayoría eran poemas muy cursis y narraciones inconclusas y además; jamás había tenido otro referente, por ejemplo, de la literatura dadaísta, que una explicación muy ligera que una profesora de la secundaria me había dado.
Lo primero que escribí en la máquina fue una carta dirigida a nadie, después una narración acerca de una casa embrujada (más bien eran muebles embrujados) que nunca concluí y lo tercero fue este intento de poema dadaísta que ahora que conozco un poco más del tema, me doy cuenta que está lejos de ser tal.
A manera de introducción para este blog lo reproduzco tal y como está escrito, (puntuación, estructura, ortografía, etc.) como una de las referencias más cercanas a mi hábito de escribir de ese entonces y aclarando que será de los pocos que rescate del pasado.
EL DIA DE LA GUACAMAYA
(Versión dada)
El homenaje es de pino, el festejo tan frustrado como el camino de
estropajo azulado. Entre el desayuno y el descanso, solitaria navega
en el viento como precipitada por el rasguño denuves. Entender es dis-
tinto, olvidar es imposible, y cuando caen las gotas de plomo sobre
el fulgor del crepúsculo, nacen los tiempos de puntería, el pulso
de-sa- pa-re-ce junto con el lamento de los pájaros.
Al final, el pesado tesoro se ve caer igual de elegante, con la luz
De los colores. Pero así se ve como la vida de cometa, que se retuerce en silencio
Despues de tremendo escándalo innecesario.
Sin paz, el Testamento es el siguiente: el alcohol para las heri-
das en los señores y un montón de plumas para mi estancadanaturaleza.
Los textos que había escrito en su mayoría eran poemas muy cursis y narraciones inconclusas y además; jamás había tenido otro referente, por ejemplo, de la literatura dadaísta, que una explicación muy ligera que una profesora de la secundaria me había dado.
Lo primero que escribí en la máquina fue una carta dirigida a nadie, después una narración acerca de una casa embrujada (más bien eran muebles embrujados) que nunca concluí y lo tercero fue este intento de poema dadaísta que ahora que conozco un poco más del tema, me doy cuenta que está lejos de ser tal.
A manera de introducción para este blog lo reproduzco tal y como está escrito, (puntuación, estructura, ortografía, etc.) como una de las referencias más cercanas a mi hábito de escribir de ese entonces y aclarando que será de los pocos que rescate del pasado.
EL DIA DE LA GUACAMAYA
(Versión dada)
El homenaje es de pino, el festejo tan frustrado como el camino de
estropajo azulado. Entre el desayuno y el descanso, solitaria navega
en el viento como precipitada por el rasguño denuves. Entender es dis-
tinto, olvidar es imposible, y cuando caen las gotas de plomo sobre
el fulgor del crepúsculo, nacen los tiempos de puntería, el pulso
de-sa- pa-re-ce junto con el lamento de los pájaros.
Al final, el pesado tesoro se ve caer igual de elegante, con la luz
De los colores. Pero así se ve como la vida de cometa, que se retuerce en silencio
Despues de tremendo escándalo innecesario.
Sin paz, el Testamento es el siguiente: el alcohol para las heri-
das en los señores y un montón de plumas para mi estancadanaturaleza.
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